En el día del pastor: EL BUEN PASTOR
Hoy, en algunos países se conmemora el Día del Pastor. Para todos nuestros consiervos vaya este artículo escrito por el Dr. Ernesto Contreras, El buen pastor, como un homenaje hacia los que trabajan arduamente en la iglesia del Señor, edificandola, animando vidas, restaurando corazones.
¡Qué bendición tan grande es ser cristianos! Hijos, siervos, ministros, e instrumentos del único Dios verdadero, que nos dio salvación y vida eterna, aún cuando por naturaleza, estábamos condenados y muertos espiritualmente, en nuestros delitos y pecados; en los cuales anduvimos en otro tiempo, conforme a la corriente de este mundo, y el príncipe de la potestad del aire, y el espíritu de pecado y del diablo que ahora opera en los hijos de desobediencia; entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo; en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza, por herencia adámica, desde el momento mismo de nuestra concepción, hijos de ira, lo mismo que los demás.
Pero ¡Gloria a Dios que es rico en misericordia! Que por su gran amor con que nos amó, cuando aún estábamos muertos en pecados, nos dio gratuitamente, vida por los méritos de Jesucristo, pues por gracia somos salvos. Y juntamente con Él, nos resucitó espiritualmente, y asimismo nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo Jesús; para mostrar en las edades venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, nuestro Señor, Dios, Salvador, y Buen Pastor.
De acuerdo con lo profetizado, así dice Jehová el Señor: He aquí, yo mismo iré a buscar a mis ovejas, y las reconoceré como reconoce su rebaño el pastor cuando está en medio de sus ovejas esparcidas. Así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en delicados pastos, serán apacentadas. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré descansar, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver la descarriada, y vendaré la perniquebrada, y fortaleceré a la enferma. Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán por rapiña. Y levantaré sobre ellas a un pastor, a mi siervo Jesucristo, simiente de David, y Él las apacentará.
Al reconocer que todos nosotros éramos como ovejas descarriadas; y que sólo por gracia es que ahora hemos sido vueltos al Pastor y Obispo de nuestras almas, el salmista exclamó gozoso, emocionado, y confiado: Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Restaurará mi alma. Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre; y aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú, mi Buen Pastor y Dios, estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Por eso Jesucristo, por cuyas heridas y bendita sangre hemos sido salvados, sanados, y restaurados, cuando sobre el madero, Dios cargó sobre su cuerpo el pecado de todos nosotros con el fin de que ahora vivamos una vida nueva y victoriosa a favor de la justicia; para nuestra bendición y consuelo dijo: “Yo soy la puerta de las ovejas el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.
Y refiriéndose a nosotros los gentiles, que en nuestro tiempo, habríamos de creer por la palabra de sus siervos, agregó: Pero tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
El que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es, y a éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado sus propias ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Yo soy el Buen Pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.
El Buen Pastor su vida da por las ovejas; pero el ladrón, satanás, la serpiente antigua, demonio y diablo, no viene sino para hurtar, matar, y destruir; en cambio yo, Jesucristo, he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo, pues tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.
Es cierto que todos nosotros que por la gracia y los méritos de Jesucristo hemos sido hechos parte de su linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo, y familia de Dios, somos llamados a ser siervos, ministros, e instrumentos de Dios para anunciar las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, y a cumplir los múltiples ministerios y tareas que se nos han encomendado en el reino de Dios, mientras peregrinamos por este mundo rumbo a la patria celestial; pero seguramente, no hay mejor profesión en este mundo que ser embajador del reino de Cristo y anunciar a los demás, con seguridad, convicción, y verdad, las buenas noticias que no sólo bendicen en esta tierra a los que las reciben, sino que llevan a la gloria, felicidad, y vida eterna, a los que con gozo y corazón sincero las aceptan y diligentemente, las obedecen.
Qué admirable la vocación de aquel o aquella, que obediente al llamado de Dios, dice: “¡Heme aquí, envíame a mí!,” sabiendo que, aparte de aceptar como todos nosotros, por el resto de su vida, a Jesucristo como Soberano Señor, Dios y Salvador, tendrá que renunciar, valientemente, a todo lo que le estorbe para cumplir su ministerio, procurando con diligencia presentarte aprobado(a) diariamente, ante el Maestro y Buen Pastor; y como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, consagrar todo su corazón, toda su alma, toda su mente, todas sus fuerzas, y todos sus miembros, como instrumentos útiles para la bendita obra que Dios le ha encargado en este mundo como pastor de su rebaño: Ir por todo el mundo predicando el evangelio a toda criatura, haciendo discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo Jesucristo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que Cristo nos ha mandado.
Qué bueno que la Biblia enseña que Dios no selecciona exclusivamente a los más capacitados, sino que con paciencia, poder sobrenatural, perseverancia, y su bendita Palabra, capacita a los escogidos, que obedientes a su llamado se consagran a su servicio, menospreciando sus limitaciones, y confiando en su Señor que ha prometido llenarlos de su Santo Espíritu, y transformarlos en poderosos embajadores de Cristo, e instrumentos útiles y de salvación para muchos.
¡Gloria a Dios! Porque la Biblia dice: “Y esta es la confianza que tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un Nuevo Pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica.
Por eso es que nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como sus siervos, por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, y por su Palabra Santa que es la Biblia. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.
No cabe duda que no hay cosa mejor que anunciar que Cristo es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, y la propiciación por todos nuestros pecados y no sólo por nuestros, sino por los de todo el mundo, enviado por Dios, para que todo aquel que en Él cree, y le acepta, recibe, y confiesa como Salvador, no se pierda más tenga vida eterna.
En un mundo perdido que lleno de confusión, engaño y falsos valores, vaga sin Dios, sin luz y sin esperanza, en medio de mil tribulaciones, rumbo a los tormentos eternos e indecibles del infierno, escuchar la voz del que anuncia que en Cristo hay vida eterna, y solución a los problemas, esperanza, salvación, sanidad, restauración, y siempre una nueva y mejor oportunidad, es la más grande bendición que el perdido pecador puede tener.
Y ante los ataques del enemigo, y los dardos de fuego del maligno (quien nos considera una amenaza mortal para su reino de tinieblas), ¡bienaventurado el Pastor que descansa seguro en los brazos de su Señor! que le dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: “No temas, yo te ayudo.”
Y para nosotros los feligreses que acudimos al templo, llenos de gratitud, alabanza y adoración, necesitados de más instrucción en la sana doctrina y capacitación para vivir en victoria; sedientos y urgidos del amor, la consolación y ayuda de Dios, ¡que bendición tan grande es escuchar, de los labios de un buen pastor, la bíblica enseñanza, la exhortación, y la bendita palabra de aliento que tanto nos aprovecha!, así como las consoladoras palabras de Dios que nos dice: “Jehová va delante de ti. Él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides. He aquí yo estoy contigo todos los días hasta el fin del mundo.”
Por eso y mil razones más, ¡Que bendición tan grande es ser predicador del nuevo y mejor pacto de la gracia! El que fue establecido sobre mejores y eternas promesas que el Antiguo Pacto, el cual nunca pudo quitar los pecados, ni perfeccionar a los salvos, ni dar vida eterna a los redimidos.
¡Gloria a Dios! Porque cuando El Buen Padre Celestial sabía que más lo necesitábamos, Dios levantó su voz y nos dio una bendita promesa: “Yo les daré pastores según mi corazón, que les apacienten con ciencia y con inteligencia.
¡Oh cuán hermosos son sobre los montes, los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación! Del que dice a Sion, el pueblo y familia de Dios: ¡Tu Dios reina!”
Para nosotros que pronto hemos de despedir a nuestros actuales pastores y sus hermosas familias; y hemos de recibir nuevos pastores, que bendición es recordar la promesa de Dios que dice: He aquí que el Señor Jehová vendrá con mano fuerte, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con Él, y su obra delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; con su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará, y pastoreará suavemente a las recién paridas.
¡Oh Pastor de Israel, escucha! Tú que pastoreas como a ovejas a tus hijos y habitas entre querubines, resplandece y nuevamente restáuranos; y haz resplandecer tu rostro, para que más seamos salvos. Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora: Mira desde el cielo y considera, y visita esta viña, y la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para Ti afirmaste. Que sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que para ti corroboraste, y escogiste para ser nuestro pastor. Así no nos apartaremos de ti, pues vida nos darás, e invocaremos gozosos tu nombre.
¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos! ¡Restáuranos! ¡Conságranos! ¡Úsanos! Y ¡Síguenos pastoreando! ¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y seremos salvos, sanos, y siervos útiles! AMEN, AMEN, ASI SEA.
Es mi oración que más de ustedes, respondan al llamado que Dios les está haciendo a ser sus siervos fieles en cualquiera de las profesiones u oficios lícitos que hay; pero sobre todo, como pastores de la iglesia. De cualquier manera, nunca serán verdaderamente felices, hasta que respondan: ¡Heme aquí! ¡Envíame a mí!
Que Dios nos siga bendiciendo ricamente. Amén.
Y que el Dios de paz que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el Gran Pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, nos haga perfectos para toda obra buena para que hagamos su voluntad, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo; al cual sea gloria para siempre jamás. Amén.
credito de la foto: travelguide.bloguez.com
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quiero bendiciones en mi vida sanidad,empleo propseridad en todo en mki vida
Una perversa invención de peronajes que buscan satisfacer su egolatría. Jamás me imagino a Pablo, Pedro, Timoteo, o ningun otro verdadero pastor recibiendo homenajes y creando un día esecial para ellos. Por el contrario, la enseñanza de Jesús es muy clara: no han venido para ser servidos, sino para servir. Ojala lo recuerden “pastores”. Lean 1 de Pedro capítulo 5.
-NO TODOS LOS PASTORES SON COMO LOS QUE TU HAS TENIDO, POR LO VISTO, ¡PERVERSOS!. HAY POCOS QUE SON DIGNOS DE RECIBIR EL TÍTULO DE PASTOR, PERO LA BIBLIA NOS ENSEÑA A AMAR A TODOS COMO A NOSOTROS MISMOS.
HAY UN VERSÍCULO EN LA BIBLIA QUE ME CHOCA Y CITA ASI: SED PERFECTOS COMO VUESTRO PADRE CELESTIAL ES PERFECTO. ME CHOCA, PORQUE POR MAS QUE ME ESFUERZO NO LOGRO SER COMO ÉL.
JULIO CREO QUE DEBERÍAS PONERTE A TRABAJAR EN LO QUE DIOS DEMANDA Y NO SOLO ESTAR JUZGANDO EN COMO DEBERÍAN SER LOS DEMÁS. LA OCIOSIDAD ES LO ÚNICO QUE ACARREA. ¡BENDICIONES!